La falta de comida y techo agobia a los supervivientes de los terremotos en Venezuela.
La urgencia humanitaria se acentúa en Venezuela ante la falta de alimento y techo para decenas de miles en la calle tras el doble terremoto que dejó casi 2.000 muertos, aunque aún hay lugar para milagros como el rescate de un niño pequeño este martes.
La tensión aumenta en el estado de La Guaira, el más devastado, con una escasez de comida “generalizada” y servicios básicos que colapsaron, advirtió el martes el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
“Aquí dan provisiones pero a veces se matan por la comida(…), esto es como una gallera (…), ayer se entraron a golpes, es una locura”, dijo a la AFP Daniela Armas, de 18 años, suturada en un pie y temerosa de volver a su apartamento agrietado de Catia La Mar, en La Guaira.
“Estamos durmiendo en el piso”, señaló a su vez Jenny Tortoza en la misma zona, donde cientos de edificios se derrumbaron.
Aunque las posibilidades de hallar sobrevivientes se desvanecen, un niño de tres años revivió la esperanza al ser rescatado por socorristas jordanos bajo los escombros de un edificación.
En las imágenes difundidas por las autoridades jordanas se puede ver al niño, que no parecía dar señales de vida, extraído de los escombros en horas de la magrugada y llevado rápidamente envuelto en una manta a una ambulancia.
El número de fallecidos aumentó el martes a 1.943, según el balance oficial, mientras la ONU estima en unos 50.000 los desaparecidos tras los terremotos de magintud 7,2 y 7,5 del 24 de junio, de los más violentos registrados en Latinoamérica.
Aunque el gobierno elude referirse a los desparecidos, asegura que el día de los sismos había unas 30.000 personas en La Guaira, de las cuales 6.461 fueron rescatadas y más de 13.000 salieron por sus propios medios o ayudadas por familiares y amigos. Del resto, nada se sabe.
– Riesgo de enfermedades –
Las necesidades son de tal magnitud que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU solicitó a la comunidad internacional 50 millones de dólares para alimentar a unas 500.000 personas durante tres meses.
Antes de la tragedia, casi 8 millones de personas ya necesitaban ayuda humanitaria en Venezuela, sumida en una grave crisis, según la ONU, cuya oficina para los refugiados advirtió sobre tensiones en aumento por el acceso “limitado” a la ayuda.
A la urgencia de alimento y refugio se suma el riesgo de epidemias. La Organización Mundial de la Salud advirtió de la “presión extrema” sobre los servicios sanitarios y el riesgo de enfermedades como sarampión, difteria y tos ferina.
“Faltaría más ayuda”, dice Diorjailis Escalona, médico de 23 años, quien pese a sentirse “derrumbada” ayuda como voluntaria y agradece el apoyo internacional con rescatistas, medicinas y alimentos.
El gobierno contabiliza de su lado unos 16.000 damnificados, cifra muy lejana del estimado de la ONU de siete millones de personas en esa condición.
El puerto de La Guaira, que había quedado fuera de servicio junto con el principal aeropuerto de Venezuela, fue reactivado por los Marines estadounidenses para acelerar la entrada de asistencia.
