Dio a luz a gemelos, pero los bebés no eran suyos.

El anhelo de tener descendencia es inmenso y muchos, imposibilitados de procrear por las vías regulares, recurren a las técnicas de reproducción asistida –sobre todo la fertilización in vitro- para convertirse en madres y padres y crear la anhelada familia.

De acuerdo al relato de The Washington Post, una pareja de Nueva York, ambos de ascendencia asiática, se enteraron de los servicios de CHA Fertility Center a finales de 2017 y se interesaron en ellos, pues desde su matrimonio en 2012 habían tratado de tener hijos sin éxito.

Ese centro era publicitado como una “Meca de la fertilidad” y la pareja decidió acudir allí en enero de 2018 para someterse a un tratamiento. La mujer, solo identificada con las iniciales AP, se sometió al régimen necesario para la producción de óvulos y, tiempo después, regresó a la clínica para su extracción y fertilización con esperma de su esposo, identificado con las iniciales YZ.

Todo ello, de acuerdo al Post, que cita una demanda presentada por la pareja contra esa clínica, les costó más de 100,000 dólares.

Al principio todo lucía muy auspicioso: tras realizar el procedimiento de fertilización in vitro, la clínica identificó cinco embriones genéticamente viables, que fueron congelados, como es usual, en espera de ser colocados en el útero de su madre. AP se preparó para ello y en el verano de 2018 volvió a CHA Fertility Center para la implantación. El primer intento, con un embrión femenino, fue infructuoso y un mes después hicieron un nuevo intento, esta vez colocando dos embriones femeninos en el vientre de AP.

Para su alegría, el embarazo fue exitoso y comenzó la gestación. AP y TZ iban a tener finalmente una familia con dos hijas gemelas. Pero unos meses después comenzarían a realizar revelaciones perturbadoras.

En tanto, como también narró The Washington Post, Anni y Ashot Manukyan, de Glendale, California, recurrieron años atrás a CHA Fertility Center en su afán de tener familia. Lograron producir en 2011 tres embriones que quedaron bajo la custodia de esa empresa en tanto ellos decidían al respecto.

Uno de ellos le fue implantado a Anni y ella dio a luz a una niña. Luego, en 2018, optaron por la implantación de otro de los embriones congelados restantes, sin que éste lograra desarrollarse en un embarazo. Trataron con el último embrión también infructuosamente, y Anni sufrió complicaciones durante el tratamiento.

La pareja había pagado más de 120,000 dólares por todo ello y al final debieron aceptar que no iban a poder tener otro bebé. Entonces, recibieron una llamada de la clínica para practicarse un examen “de rutina” y fue entonces cuando, para su pasmo, se enteraron que uno de sus embriones le fue colocado a otra mujer, residente en Nueva York, que había dado ya a luz a su bebé.

Cuando los Manukyan supieron de ello determinaron demandar a CHA Fertility Center por el “robo” de su hijo. Y también cayeron en cuenta que a Anni, cuando se sometió a implantes de embriones para tratar de embarazarse, se le implantó al menos en una ocasión el embrión de otra pareja.

En tanto AP y TZ también decidieron demandar a esa clínica. Al someterse AP a exámenes de ultrasonido a los tres y cinco meses de embarazo, los médicos le dijeron que en realidad esperaban dos gemelos varones, no dos mujeres. Eso sorprendió a la pareja pues de los cinco embriones que tenían solo uno era masculino. La posibilidad de que el ultrasonido fuera inexacto existía, pero cuando ella dio a luz en marzo pasado tuvo, en efecto, dos varones. Ninguno de ellos era, como sus padres, de raza asiática.

Y cuando les hicieron pruebas genéticas a los bebés se comprobó que AP y TZ no eran sus padres y que, por añadidura, ambos niños tampoco tenían parentesco entre sí.

Es decir, el embrión de los Manukyan le fue implantado a otra mujer y alguien más, para su desesperación, se quedó con su hijo. Y a AP le implantaron también embriones ajenos y la pareja tuvo que ceder con dolor la custodia de ambos bebés, que ella gestó en su vientre, al no ser sus hijos biológicos. Lo que pasó con los embriones originales de la pareja también quedó en incógnita, para pesar añadido de la pareja.



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