Agresiones y robos a periodistas y obispos en Diriamba.

Todo comenzó cuando una delegación de la Iglesia Católica llegó hasta la basílica menor de San Sebastián en Diriamba, 42 kilómetros al sur de Managua, donde se habían refugiado un grupo de opositores después de la masacre en esa ciudad este domingo..

Animados y enardecidos por la presencia de paramilitares encapuchados, los civiles simpatizantes del presidente Daniel Ortega comenzaron a concentrarse, agradecer la labor de los encapuchados y gritar insultos a quienes seguían dentro de la basílica, mientras una treintena de policías retornaban a la ciudad, según pudo constatar Efe.

Al llegar la comitiva de la Iglesia, escoltada por activistas de derechos humanos, simpatizantes del gobierno se desataron y se dirigieron contra los sacerdotes que habían acudido a la zona, así como contra los periodistas que les acompañaban para documentar la salida de los opositores.

Tras los primeros momentos de desconcierto, la comitiva consiguió entrar en la iglesia por una puerta trasera, por la que irrumpieron también varios simpatizantes del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, que comenzaron a insultar a periodistas de medios de comunicación que han cubierto las protestas con frecuencia desde que comenzaron el pasado 18 de abril.

Pero todo empeoró cuando un grupo de paramilitares bloqueó la salida de los sacerdotes que ya habían conseguido sacar a los opositores y médicos voluntarios.

En el interior del templo había al menos una docena de paramédicos y religiosos con batas moradas y la cara cubierta con tapabocas que esperaban ser liberados por los obispos.

Ese grupo fue evacuado por una puerta lateral de la basílica, mientras los sacerdotes intentaron bloquear el acceso trasero, sin éxito.

Durante el forcejeo, los encapuchados agredieron brutalmente con puñetazos a los obispos, a quienes encañonaron con pistolas, lo que les permitió acceder al interior del templo armados con machetes y pistolas.

En medio de la confusión, los sacerdotes intentaron abandonar el templo como pudieron por la puerta trasera, pero nuevamente fueron agredidos por los encapuchados.

Allí comenzaron a llover los golpes contra los sacerdotes y las amenazas, mientras los parapolicías exhibían varias pistolas y machetes y se agitó el ambiente y, convencidos de que la prensa es el enemigo, golpearon con dureza a periodistas, fotógrafos y camarógrafos que se intentaban abrir camino hacia la salida del templo.

Ya en la puerta, varios con el rostro ensangrentado y el cuerpo molido por los golpes, vieron cómo hombres encapuchados y simpatizantes de Ortega comenzaron a robar cámaras de fotografía y vídeo, además de algunos teléfonos móviles. El objetivo parecía ser que nadie documentara lo que allí sucedía.

“Bájala y escóndela”, escuchó Efe cuando un encapuchado decía a otro en referencia a una cámara fotográfica que habían robado segundos antes a un empleado de una agencia internacional de noticias.

Impulsados por la impunidad, al menos cinco cámaras más fueron robadas o destrozadas a golpes, mientras los periodistas las abandonaban e intentaban salvarse de un linchamiento seguro.

Otros, los más afectados, intentaron refugiarse en el interior del templo para evitar más golpes y temerosos de las armas que varios paramilitares habían exhibido.

Fuera del templo, el pánico hizo presa de los periodistas que intentaban conseguir vehículos para abandonar Diriamba, mientras hacían balance de golpes y equipos perdidos.

“Gracias a Dios hemos podido llegar a Diriamba y sacar a las personas que estaban en la basílica como rehenes. Lo que nosotros hemos sufrido no es nada comparado con lo que ha sido víctima la mayoría de los nicaragüenses”, dijo Báez, quien además fue herido en el antebrazo.

El ataque dejó a varios obispos y periodistas, entre ellos el nuncio Stanislaw Waldemar Sommertag, el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo Silvio Báez,los hechos violentos se dan en medio de una crisis que ha cobrado la vida de al menos 320 personas desde el 18 de abril pasado .

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) informó este lunes que que 38 personas murieron este domingo.

La presidenta del Cenidh, Vilma Núñez, precisó que 35 personas murieron en los municipios de Diriamba y Jinotepe, en el departamento de Carazo, y tres más en Matagalpa.

Núñez dijo que 31 de los fallecidos eran opositores al gobierno que se encontraban en los cortes de vías, cuatro policías y tres miembros de las fuerzas de choque.

Por su parte, el gobierno nicaragüense, a través de un comunicado emitido la tarde de este lunes, dijo que había cumplido su deber constitucional de restablecer el orden y la libre circulación en el país.EFE



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