Aprueban una tregua de dos días para continuar diálogo en Nicaragua.

Los participantes de la mesa del diálogo nacional alcanzaron un primer acuerdo al declarar una tregua de dos días y consensuar el cese de la violencia, justo cuando Nicaragua cumple el primer mes del comienzo de una crisis sociopolítica que ha dejado más de 60 muertos.

“Todos los sectores se comprometen a realizar una tregua el sábado 19 y el domingo 20 de mayo, en la que el Gobierno se obliga a retirar a sus cuarteles a la Policía, retirar a las fuerzas de choque y simpatizantes del Gobierno”, indicó el presidente de la Conferencia Episcopal, Leopoldo Brenes.

“La sociedad civil deberá aunar esfuerzos para propiciar mejores condiciones al diálogo, normalizar el tránsito y continuar en un mejor clima el lunes 21 de mayo del 2018”, agregó el cardenal.

Los actores, además, reconocieron la necesidad imperiosa de respetar el derecho de reunión, manifestación y protesta cívica y pacífica.

El acuerdo, pese a ser corto en el tiempo, parece tener un importante trasfondo para el futuro del país: el cese de la violencia, la primera victoria popular y un paso atrás del Gobierno en su encorsetado discurso desde el comienzo de la crisis.

Era el fin de una larga jornada en el Seminario Interdiocesano Nuestra Señora de Fátima, que vivió su segunda jornada al mismo tiempo que comenzó la visita de trabajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la primera desde 1992.

Más allá de los acuerdos, la primera sorpresa de la sesión de este viernes fue la ausencia del presidente, Daniel Ortega, y la vicepresidenta, Rosario Murillo, quienes no acudieron a la cita y dejaron las negociaciones en manos de una representación gubernamental que, además, retrasó el comienzo del diálogo al llegar con una hora y media de retraso.

La delegación fue recibida por los manifestantes con pancartas de rechazo al Ejecutivo y al grito de justicia, mientras algunos protestantes golpearon con las manos sus vehículos.

La segunda novedad, para perjuicio de la información y la transparencia, fue el apagón informativo impuesto a los periodistas, a los que ni se les permitió el acceso al interior de las instalaciones del Seminario ni se les ofreció una retransmisión en vivo de esta mesa de debate.

Horas antes, la CIDH comenzó su primera jornada de trabajo con una amplia agenda en la que tenía previstos encuentros con la Conferencia Episcopal, organismos de la sociedad civil y humanitarios, embajadores y familiares de las víctimas, entre otros.

La relatora para Nicaragua de la CIDH, Antonia Urrejola, recordó que el objetivo era determinar si el Estado nicaragüense era responsable de violar las garantías de los ciudadanos, pero no de buscar culpables penales.

“Algo que quisiéramos destacar en este punto es que, como un órgano regional de protección de derechos humanos, no es parte de nuestro mandato determinar responsabilidad penal individual, sino determinar si el Estado es responsable por violaciones de derechos humanos”, aseguró.

Urrejola recordó que el Estado tiene la obligación de “prevenir y garantizar los derechos humanos”, así como de “investigar, juzgar, sancionar y reparar”.

La CIDH reiteró su “condena más enfática” a las muertes, desapariciones, agresiones y “detenciones arbitrarias”, y exhortó al Estado al “cese de inmediato” de la represión.

Posteriormente, el ente acudió a la mesa de diálogo por la petición de los obispos.

Según confirmó en sus redes sociales el secretario ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrao, durante su presencia recibieron “solicitud de medidas cautelares de protección a los estudiantes y recomendaciones para una investigación independiente para todos los graves hechos de represión, muertes y desapariciones”.

Mientras Nicaragua cumplió su primer mes de crisis desde que empezaron los enfrentamientos el pasado 18 de abril, se siguieron produciendo tiroteos en Jinotega, manifestaciones en Masaya, asaltos en Matiguás y bloqueos en las carreteras.

Por su parte, la vicepresidenta Murillo, destacó la “responsabilidad y el compromiso” del presidente Ortega por “la seguridad y la paz” y criticó las “voces disonantes y mal educadas”, en clara referencia a la actitud de los estudiantes en la primera jornada del diálogo.

La primera dama lamentó las pérdidas que está provocando esta situación a los nicaragüenses.

“Esta peste nos está quitando el derecho a respirar, a vivir, a acudir a nuestros templos a curarnos, a sanarnos, a buscar medicinas en tantas familias nicaragüenses”, concluyó.



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